Recuerdo 7: Alquimia en el grimorio de los deseos

Desolado y confuso, Sigfrido pensaba en regresar a su hogar. El impulso de su huida se fundó en el temor por la vida de su corcel, pues su padre quería sacrificarlo por la imposibilidad de su doma. Pero Sigfrido ya podía montarlo. Aunque él fuese el único que podía hacerlo, uno era más que nadie, y ese uno era el propietario del caballo. Todo esto parecía más que razón suficiente para salvaguardar su vida, además, le faltaban las fuerzas y añoraba la comodidad de su morada, sin embargo, algo le impulsaba a seguir. No sabía muy bien la razón, pero no dejaba de darle vueltas a sus últimos acontecimientos vividos, sobre todo al encuentro con la hechicera y las palabras de ésta acerca de su destino.

Inmerso en sus pensamientos no reparaba de nuevo por donde iba y sin darse cuenta se encontró de repente en medio de las Colinas de los Olmos.

Alzó los ojos y los fijó al instante en una curiosa vivienda que se levantaba en la más alta de las colinas. Dentro del tocón de un gran árbol habían construido una casa, aparentemente era un olmo como los demás, pero de gigantescas dimensiones.

Conforme se acercaban se abrió la gran puerta y un anciano apareció ante ellos.

—Te esperaba, Gottlieb —dijo—. Veo que eres un corcel sabio y no has dejado que tu jinete se desvíe de su camino.

Sigfrido dudaba entre asombrarse de nuevo o empezar a enfadarse, pues parecía que todo el mundo sabía mucho sobre él y se preguntaba qué tenía que decir él mismo sobre todo aquello. Pero el anciano no permitió que hiciese explícita la cuestión, pues como si le leyese el pensamiento, expuso:

—Tú tienes todo por decir, Sigfrido. Sólo tú puedes decidir tu camino. Efectivamente, hay contadas opciones: tu libertad es reducida. En ocasiones te parecerá que son los demás los que deciden por ti, o que hay demasiados elementos en tu vida que no puedes controlar. Pero tú tendrás siempre la última palabra. Tu libre albedrío es una tensa aguja entre tus múltiples futuros y cada decisión es una condena o una liberación, pero debes aprender a luchar, debes ser fuerte y seguir adelante, aunque ese adelante sea oscuro, aunque ese adelante signifique volver atrás. Llénate de decisión y hazte dueño de tu destino, porque más allá de todas tus dudas sabes que puede prevalecer tu identidad y que puedes hacerla brillar sin necesidad de que nadie te lo diga.

»Por tu expresión puedo adivinar que viste a la hechicera y que no explicó quien era. Yo te lo diré, y me presentaré a mí mismo.

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